Respiración como práctica de Mindfulness

En el anterior artículo anunciaba que iba a proponer algunos ejercicios para ir introduciéndonos en la práctica del "Mindfulness". Un ejercicio básico, sencillo y muy potente es el de concentración en la respiración.

Mejorar la atención y la concentración es el objetivo de esta práctica, parando la dispersión de la mente que se distrae constantemente con pensamientos (preocupaciones, juicios, prejuicios, ensoñaciones, etc….)

Práctica de meditación y respiraciónUna mente más calmada, clara y estable es un instrumento muy eficaz para mejorar nuestra vida, manejando con más eficacia las emociones y aprendiendo a dirigir nuestra atención a aquello que es importante para nosotros a largo plazo, sin dejarnos llevar por los pensamientos que nos abruman.

Elegir la respiración como objeto de concentración es por varias razones, una de ellas que siempre nos acompaña, no necesitamos nada más que a nosotros mismos para ejercitarnos. Otra razón es que es algo muy sutil e inapreciable por los demás, en cualquier momento podemos practicar sin que nadie se dé cuenta. Una tercera es que es  más fácil darse cuenta de que nos hemos distraído que si elegimos cualquier otro objeto de concentración fuera de nosotros mismos.

Se trata de observar la respiración y notar la sensación del aire que entra y sale. Y si nos distraemos con cualquier pensamiento, cualquier preocupación grande o pequeña que tengamos en ese momento, o algo tan simple como “no sé si lo hago bien”, “demasiado difícil”, “qué incomodidad”, etc…, la respuesta nuestra debe ser volver a fijar la atención en nuestra respiración.

La mente se dispersa constantemente y el verdadero entrenamiento es darse cuenta de que uno se ha distraído y volver al “darse cuenta de la respiración”, no tanto el estar concentrado constantemente, que es algo casi imposible, aunque mejorará con el tiempo si perseveramos.

No sirven de nada los reproches por distraernos, se trata de ser flexibles con nosotros mismos, sin enfadarnos por no hacerlo bien, simplemente hacerlo.

Aunque durante el ejercicio la mente nos arrastre fuera de la práctica mil veces no importa, cuantas más veces me dé cuenta de que me he distraído y vuelva a concentrar mi atención en la respiración, más entrenamiento tendré.

Se puede practicar tanto tiempo como se desee, pero una forma fácil de iniciarse es comenzar con 3 o 5 minutos una o dos veces al día, sentarse tranquilamente, si se prefiere con los ojos cerrados y poner un aviso que nos indique cuando se cumple el tiempo para que no tengamos que estar pendientes. Si cuando suene el aviso nos damos cuenta que nos hemos dejado llevar por la mente y nos hemos distraído casi todo el tiempo, lo tomamos como una señal de que tenemos que seguir entrenando y no como una ocasión de reprocharnos por no haberlo hecho perfectamente.

Espero que este sencillo ejercicio te ayude a mejorar tu atención.

Carmen Penelas

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