"Mindfulness" como instrumento de aceptación

La vida es dura para todos, incluso en esta sociedad occidental llena de comodidades y sin peligros muy evidentes (hambrunas, lluvias torrenciales, etc...) todos padecemos algún dolor, algunas veces físico y siempre emocional.

Casi cada día tenemos pensamientos de preocupación ante posibles peligros que nos pueden acaecer, a nosotros o a los seres que amamos.
También nos causa tristeza el hecho de recordar algunos sucesos que nos han ocurrido en nuestra vida.

Paisaje con persona meditando

Es inevitable que esto sea así porque el ser humano está programado para sobrevivir como especie y a la evolución no le importa mucho que el individuo cómo tal sufra o no.

Para perdurar, el individuo debe aprender del pasado (y recordar sobre todo lo malo que le ha ocurrido, reflexionando sobre ello por si le ayuda a prevenir algún mal en el futuro). Y a prever el futuro, intentar anticiparse a todo a aquello que teme por si puede encontrar alguna solución antes de que ocurra el suceso.

Si lo pensamos bien nos daremos cuenta de lo eficaz que resulta este funcionamiento de nuestro cerebro para progresar, incluso en nuestra vida cotidiana, por ejemplo:

  • Si anticipamos que vamos a tener un examen podremos estudiar antes.
  • Si recordamos cómo fueron exámenes anteriores y qué hicimos para aprender nos ayudará a mejorar en el próximo.

Pero, y aquí viene la parte negativa, si aplicamos este mismo principio a nuestra experiencia emocional nos encontraremos con un dolor que nos impide vivir una vida plena.

El temor a enfermar y/o envejecer es uno de los pensamientos que pueden hacernos sufrir e impedir que vivamos el momento presente en su totalidad. Más aún si tenemos alguna condición física que puede agravar este miedo.

Las antiguas filosofías y religiones ya tenían alguna respuesta para esta condición, ya que es consustancial al ser humano. En la actualidad se están dando a conocer técnicas llamadas de “atención plena” (“mindfulness”) basadas en la filosofía budista fundamentalmente, pero que también tiene raíces en el misticismo cristiano entre otras religiones.

La práctica de la “atención plena” nos ayudará a vivir con más consciencia, y apreciar cada momento de nuestra vida y de las relaciones que establecemos con los demás. Aprendiendo a aceptar nuestros pensamientos y emociones perturbadoras, y centrando nuestra atención y esfuerzos en lograr todo aquello que tiene valor para nosotros.

Iremos publicando una serie de artículos con pautas y experencias que te ayuden a superar la pérdida ocasionada por la discapacidad visual y a buscar lo que realmente tiene valor para cada uno de nosotros.

Carmen Penelas

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